domingo, 23 de diciembre de 2007

Miedo

Hay gente miedosa, gente maniática, gente nerviosa y yo. Puedo decir que en mí se resumen esas tres cosas, aumentadas y corregidas.

Bien, empecemos por el miedo, el pánico a las arañas, esos bicharracos que te puedes encontrar en cualquier, pero cualquier parte. Cada vez que me encuentro con una, grito yo y después grita ella y nos quedamos frente a frente esperando a ver quién ataca primero. Yo no ataco, jamás (por eso grito)... siempre alguien lo hace por mí. Es que me imagino que si le tiro un zapatillazo, va a ser más hábil y se va a subir por mi brazo y quedaré liquidada. Para qué hablar de matarlas con una toalla nova, ¡iü! Yo he tenido varios de esos encuentros, ¿por qué justo a mí me toca lidiar con la escoria del reino octópodo?: arañas pollito en la puerta de la casa vacacional; mini pollitos (bien peludas y que suenan harto cuando las aplastas, así como si tuvieran huesitos) en el patio de mi casa; bueno, miles y millones de arañas gigantes (y bien ñurdas, aunque se coman a las detestables de rincón); y no olvidaré a estas últimas, las más grotescas, ágiles y satánicas.

Pero volviendo a lo que nos convoca - los miedos -, prosigo con otro que, si bien no está a la altura de mi aracnofobia, no por eso es menos irritante: volar en avión. En realidad es bien desesperante pensar que una armazón grotesca y llena de motores vuele. Si yo no puedo volar, ¡cómo demonios puede hacerlo un avión! Y esa sensación de que estás en el aire y no puedes pisar tierra, realmente me revuelve la guata. Por eso, el mejor y más ameno momento de los viajes aéreos es cuando el asunto aterriza (a pesar de que sientes que el avión se va a desarmar con el medio golpe que pega, realmente es lo mejor).

Prosigo con la categoría miedo. Aquí es cuando vienen no animales ni tampoco cosas, sino personas. Por ejemplo, ¿qué hacer cuando vas caminando por una plaza y te encuentras con un grupo de gitanas que corren para abordarte? COOORRE, CORRE POR TU VIDA! A lo más te tira alguna maldición del tipo "¡¡¡¡abarajamelabañeranena!!!!", nada que no sea revertible, creo yo.

Pero existen unos seres tan detestables como las gitanas: los payasos. Pero no cualquiera, sino los de micro. Si un viaje en micro ya es desagradable de por sí, con un payaso de por medio la cosa se pone aún más terrorífica. De partida, se pintan mal, la pintura a las 6 de la tarde ya está medio carreteada y les da una apariencia medio maquiavélica, MIEDO. Consejo: el mismo de antes, CORRE POR TU VIDA.

Por otra parte, sin intención de ofender a nadie, debo admitir que me dan miedo los evangélicos de plaza. Es que son tan estruendosos, ¿para qué con parlante? ¿no es suficiente ya tener un vozarrón? Ah, pero olvido a otros... los que pasan por tu casa y te tocan el timbre los domingos a las 9 de la mañana para entregarte un minilibro en cuya tapa sale un hombre de familia con terno leyendo la Biblia. Y si vas caminando por la calle y te los encuentras, pierde cuidado, te abordarán hasta que les digas que sí, que te vas a convertir y te vas a vestir formal los domingos para predicar.

Y les dejo, finalmente, a la reina de mis temores: Wendy Sulca. Disfruten.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Lo que no

Resulta que me es imposible describir al hombre perfecto, aunque lo que sí puedo hacer es una lista de lo que NO busco. Veamos:


1.- No busco un "zorróooon papá!!". Son esos que se felicitan tanto por jotearse chiquillas como por tomarse una chela al seco cantando la cancioncita aquella del farol. No, jamás.

2.- Tampoco que se saluden entre 'zorrones' diciendo "qué pasa perrito!!" (y luego se golpean la espalda violenta pero cariñosamente a la vez).

3.- Esos hombres que cuando están en una fiesta de tipo adulto-joven y les ponen "de música ligera" de Soda, bailan con su preciosa guitarra imaginaria (para qué hablar de Bryan Adams). A esto se le suma el movimiento de cabeza pertinente y la cara de sufrimiento que en verdad es de éxtasis por una canción "loca".

4.- Un junior llamado Alexis.

5.- Que "Alexis" use terno de cuatro botones con camisa negra (¿para estar todo el día viajando en metro? nones).

6.- Un hombre que use jeans desteñidos con zapatos de vestir. Caramba, qué horror.

7.- El zapato café tipo jaula (o aquel tipo Calpany "primeros pasos", que vendría siendo más o menos lo mismo). Y menos aún con calcetines.

8.- El gel. Para qué se lavan el pelo (los que se lo lavan) si igual el gel va a hacer que se les vea pegote y grasoso.

9.- Un "lolo buena onda" de aquel tipo de los que aparecen en los comerciales de cerveza. Los veo y me pongo a tararear la musiquita tintintintintintiriririri (8)

10.- Lentes en los que se refleje lo que ve el sujeto en cuestión. Sobre todo si son alargados y de marca Mossimo.

11.- Y, por último, y no por eso lo menos importante: hombres que usen de esas poleras a las que parece que les hubiesen descosido las mangas. Soponsio inmediato.


Si tú lolo, chiquillo, adulto-joven te sientes identificado con alguno de estos 11 puntos en cuestión, no te preocupes, que aún estás a tiempo de trabajar en su eliminación. Nosotras las mujeres agradeceríamos que así fuera.